PielFort Luxury Handmade in Spain, album fotografico de comunion   Aunque hoy en día la sociedad tienen completa libertad para elegir todo tipo de opciones sobre creencias, gustos o aficiones, la verdad es que los ritos católicos siguen estando muy presentes en nuestra sociedad, y estos suelen llevarse a cabo a través de importantes eventos familiares. Grandes eventos como, por ejemplo, el matrimonio o el bautismo y la primera comunión, en las familias con hijos; son los principales ejemplos de estos festejos que giran en torno a los acontecimientos más relevantes de la vida cristiana. Es este último, la primera comunión, uno de los más celebrados, pues, sin ser el primero en la vida de un niño, sí que es el primero en el que éstos tienen ya la edad suficiente como para poder recordarlos en el futuro. Muchos hijos de personas que no son excesivamente creyentes la celebran incluso, ya que es un bonito momento para disfrutar con familiares, amigos, dar regalos y, en definitiva, una excusa para estar con los seres más queridos.

  La comunión, junto con el bautismo y la confirmación, forma parte de los llamados Sacramentos, que son los rituales de iniciación a través de los cuales se demuestra la pertenencia a la comunidad cristiana. Tradicionalmente, la primera comunión se ha celebrado a edades tempranas, entre los 7 y los 10 años, aunque no existe una edad límite para ello. Uno de los requisitos para formar parte de esta celebración es haber sido bautizado.

  La comunión consiste en recibir por primera vez el cuerpo y la sangre de Cristo, representadas a través del pan y el vino, y suele implicar tanto a los familiares del niño como a la propia Iglesia o parroquia, pues es ésta la encargada de impartir la catequesis, que son los cursos a través de los cuales se les enseña a los niños lo que significa pertenecer a la comunidad cristiana, además de aprender en qué consisten los pilares básicos sobre los que se sustenta el catolicismo y el significado de la consagración del pan y el vino que van a recibir. La catequesis suele tener una duración de dos años. Otro de los requisitos indispensables para recibir la primera comunión es que el niño tome parte en otra de las actividades habituales de la religión católica: la confesión de los pecados.

   El Sacramento de la comunión forma parte de la segunda etapa de iniciación cristiana. Son los padres y familiares los que deciden darle la bienvenida al niño al cristianismo a través del bautismo, y corresponde a ellos guiarles hasta el momento de su primera comunión, la cual se lleva a cabo en un momento en el que el niño tiene ya la edad suficiente como para comprender en qué consiste el catolicismo y poder empezar a tomar parte activa con cierta independencia y decisión propia.

   El origen de la comunión es de sobra conocido por todos, pues forma parte de uno de los momentos más relevantes de la vida y las enseñanzas de Jesucristo: la última cena. Fue en esta cena con sus discípulos durante la pascua judía, poco antes de ser apresado y condenado a muerte, donde el profeta utilizó la metáfora del pan y el vino para entregarle a sus seguidores sus enseñanzas a través del sacrificio de su cuerpo y el derramamiento de su sangre. Es a este momento de la Pasión de Cristo al que se hace referencia en la misa católica durante la consagración del pan y el vino, y son este pan y este vino consagrados, ya convertidos en el cuerpo y la sangre de Cristo, el que los niños reciben por primera vez durante su primera comunión, aceptando y asumiendo de este modo las enseñanzas de Cristo.

   Se trata, por tanto, de un acontecimiento especialmente relevante en la vida de un niño, y supone un cambio de etapa, un episodio importante en su camino hacia la madurez, pues desde ese momento empieza a ser considerado como una persona con la capacidad intelectual e independencia suficientes como para tomar decisiones de cierta importancia y poder aprender por sí misma. Comienza la etapa en la que el niño aprende a través de sus propias experiencias y el análisis y las conclusiones que pueda extraer de las mismas.

   Es por esa razón por la que es importante hacer de este acontecimiento algo digno de ser recordado en el futuro. Y no hay mejor forma de hacerlo que a través de un buen reportaje fotográfico que pueda ser rescatado años después y transportarnos a ese momento, ver cómo éramos, cómo fue aquel día y cómo hemos evolucionado desde entonces. Y, sin duda, un buen álbum de piel será el lugar adecuado en el que poder conservar esos recuerdos en el mejor estado posible, por calidad, por duración y por elegancia. No merece menos.

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